Por Qué Despedí a Mi Mejor Vendedor
Era el que más vendía, el que más dinero generaba. Pero tuve que dejarlo ir. Esta decisión casi me cuesta la empresa, pero fue la correcta. Te explico por qué.
Juan era una máquina de ventas. Mes tras mes, superaba sus objetivos. Representaba el 40% de nuestros ingresos. Pero había un problema que no podía seguir ignorando.
Su comportamiento con el equipo era tóxico. Menospreciaba a otros departamentos, creaba conflictos, y tenía una actitud de 'yo soy indispensable'.
Durante meses intenté corregir el comportamiento. Conversaciones, advertencias, planes de mejora. Nada funcionaba. Y mientras tanto, otros buenos empleados empezaban a renunciar.
Llegó el momento de tomar una decisión: ¿protejo los números o protejo la cultura? Elegí la cultura. Y fue aterrador.
Los primeros tres meses fueron duros. Los ingresos cayeron. Tuve que hacer ajustes. Pero algo mágico empezó a pasar: el equipo se unió, la moral mejoró, y empezamos a trabajar mejor juntos.
Seis meses después, no solo recuperamos los ingresos perdidos, sino que los superamos. Resultó que Juan no era indispensable, solo era ruidoso. La lección: nunca sacrifiques tu cultura por resultados a corto plazo. La cultura siempre gana a largo plazo.
